25/12/10

Cubo de palomitas - Tron Legacy


Después de haber publicado la crítica de la película precursora de los efectos digitales, es hora de hablar sobre su recién estrenada secuela Tron Legacy, el blockbuster de estas navidades.

Sam Flynn (Garrett Hedlund) es el hijo de Kevin Flynn (Jeff Bridges), dueño de la empresa Encom, que desapareció cuando Sam era sólo un crío. 20 años más tarde, Sam ha dejado la empresa de su padre abandonada a su suerte hasta que descubre un mensaje dejado por su padre en los viejos recreativos. Allí se mete por accidente en el extraño mundo de Tron, un universo de realidad virtual que su padre creó hace años y que ahora está sobernado por C.L.U., la representación virtual de su padre.

Nos encontramos ante uno de los mayores espectáculos visuales que os podéis echar a la cara en estos últimos años. Pero como suele ocurrir con muchas de las superproducciones que proyectan en salas, carece de la suficiente riqueza narrativa como para ser una película que realmente satisfaga cuando sales de verla. Aunque parte de una narración sencilla (clásica historia de protagonista que debe encontrar a su padre en un universo desconocido) que se adorna con diferentes elementos más complejos y poco conocidos para el espectador medio (al igual que su predecesora), lo cierto es que durante la segunda mitad de su metraje carece de la fuerza dramática necesaria, que en algunos momentos se ve frustrada por ciertas frases desafortunadas en momentos clave, donde la historia podría adquirir la emoción necesaria, pero que de repente se esfuma. Como he dicho antes, la primera hora del film se mantiene con interés, al presentarnos el nuevo universo de Tron (o no tan nuevo para algunos), con su particular estética, sus propias leyes y sus propios juegos. Pero poco a poco el ritmo comienza a decaer, al no dejar que el espectador se acerque emocionalmente a los personajes.


Lo que sí que no se le puede negar es que su poder visual es realmente impresionante, Joseph Kosinski, el director, ha sabido integrar a la perfección lo real con lo digital, por lo que todo lo que está a nuestro alcance visual casi siempre parecerá auténtico. El diseño de los escenarios y el vestuario es lo más destacable de la película, al igual que los vehículos y demás parafernalias. Las escenas de acción son realmente espectaculares, sobretodo las de la primera mitad del film, con las primeras luchas con discos y las persecuciones en motos de luz, perfectamente rodadas, con planos asombrosos (aprovechando la cámara lenta de vez en cuando), y que en algunos momentos aprovechan para desafiar las leyes físicas conocidas. Una pega que se le puede poner al apartado visual, es el rejuvenecimiento de Jeff Bridges, que de partida peca de ser poco realista, poco pulido, aunque a lo largo del metraje te vas acostumbrando y va colando más, no llega al nivel que cabría esperar, en comparación con los demás elementos digitales, mucho mejor integrados.

La banda sonora también es un componente esencial de la película, compuesta por el famosísimo grupo de electrónica Daft Punk, que aquí hace un trabajo impecable y que se integra sin dificultad en la atmósfera del film. Una música que vale la pena escuchar cuando sea posible.

En cuanto al reparto, el mejor de todos es Jeff Bridges, que aquí cumple perfectamente como creador del universo conocido, mucho más tranquilo y sereno que en el primer film. Por desgracia, Garrett Hedlund y Olivia Wilde (House) no consiguen estar a la altura esperada, aunque interpretativamente no lo hagan mal (su actuación es bastante aceptable, nada de que alarmarse), pero sus papeles no llegan a ser lo bastante interesantes como para que se luzcan lo suficiente.

En resumen, un espectáculo visual y sonoro que vale muchísimo la pena ver en cines, aunque la historia no llegue a cumplir como cabría esperar, desgraciadamente. De su 3D no puedo hablar porque la vi en dos dimensiones.


Nota: 6'5

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